Siempre que viajo fuera de España, concretamente a países con más cultura ciclista que nosotros (me refiero a Holanda, Dinamarca, Alemania), me fijo en el mismo detalle. Hay una densidad de bicicletas por viandante impresionante y además, esto es lo extraño, observo que un gran porcentaje de las bicis que circulan, y de las que se encuentran aparcadas, no son nuevas. Esto es lo que me llama la atención, porque en mi país, aunque pocas, en comparación, sí que me atrevo a asegurar que prácticamente todas son nuevas, con frenos de disco, luces LED, la mayoría bicicletas de montaña que nunca pisarán una pista de tierra, siendo nuestro país bastante más pobre que los que presento como referencia.
¿Que pasó con las bicicletas con cuadros de hierro, frenos de zapata y dinamo de nuestros padres, nuestros abuelos, o las de nuestra infancia y juventud? Ahora parece que se empiezan a demandar, catalogadas como bicicletas vintage, difíciles de encontrar, y consideradas más como artículo de capricho o de decoración. ¿Por qué nos hemos deshecho de ellas? Seguro que todos tenemos nuestra propia respuesta a la pregunta, partiendo del hecho de que muchos de nosotros tuvimos una bicicleta cuando éramos jóvenes.
Es únicamente una reflexión de alguien que no se considera aficionado al ciclismo. Tengo bicicleta, sí, no es último modelo, pero no tiene más de 8 años. Tampoco la utilizo con asiduidad.
Sirva pues el ejercicio sobre las bicicletas como introducción al asunto que quiero tratar. Está claro que en los 28 años que llevo trabajando en el mundo de la automatización y en la electrónica industrial, la evolución de los equipos y sistemas de control ha crecido exponencialmente, quizás no a la misma velocidad que la experimentada en el mundo de los ordenadores, pero siempre arrastrada por la ley de Moore que ha definido la evolución de los microprocesadores hasta la última década.
Yo empecé programando PLCs que no tenían más instrucciones que contactos, bobinas y temporizadores, en los que había que sumar y multiplicar casi como se hacía en ensamblador, y en los que nadie se planteaba ni siquiera medir los tiempos de respuesta. En la actualidad, trabajamos con equipos capaces de mover cantidades ingentes de estructuras de datos en milisegundos, conectados a grandes bases de datos, controlando varias decenas de ejes, y atendiendo el manejo de órdenes y parámetros de equipos muy complejos. Todo a la vez, con el mismo controlador.
También tengo que puntualizar que no todas las aplicaciones requieren tanta potencia de control y, sin embargo, los sistemas se renuevan periódicamente, según períodos de amortización que se aproximan más a los estándares del mundo de los ordenadores. En el área de las infraestructuras eléctricas, hay un gran número de instalaciones que en los últimos 20 años no han tenido una evolución, y que han sufrido la necesidad de renovar sus sistemas de control al menos dos veces, por obsolescencia de los propios equipos de control, y por la imposibilidad de compatibilizar de ordenadores actuales con sistemas operativos basados en Window NT, 2000 y recientemente XP. Los cambios realizados no han supuesto siempre una mejora integral de los sistemas ni de las funcionalidades. Quizás sí una actualización en las comunicaciones, que han migrado de serie a ethernet, y poco más.
En este tipo de instalaciones, ¿no sería posible adaptar los sistemas existentes, mediante gateways o convertidores de protocolos, a la renovación de los ordenadores que alojan los HMI, y minimizar las inversiones prolongando el tiempo de vida útil de los equipos? ¿No es ésta una forma de ahorro en estos años en los que las inversiones se han visto diezmadas, y los presupuestos en mantenimiento se han amortizado durante años consecutivos sin que aparentemente pase nada? Cuando no hay presupuesto para una renovación total, o el retorno de la inversión necesaria no la justifica, se puede realizar un estudio sobre una mejora del sistema existente, manteniendo la mayor parte de la instalación, y haciendo que ésta siga funcionando satisfactoriamente durante algunos años más. Me consta que muchos de los sistemas que he puesto en marcha durante mi vida laboral, aún están en condiciones de seguir funcionando casi mejor que el primer día.






